Historias reales

Dos jefecillos. Con historias personales diferentes. Uno llama a los subcontratados monos y el otro les llama inútiles. Uno no tiene más amigo que una que espía por él a sus compañeros. El otro no tiene chica, tiene a un chico haciendo lo mismos. Si se van de vacaciones ambos llaman tres veces por la mañana y tres por la tarde. Se conectan al correo y al Messenger. Los dos tienen la amargura vital y la asfixia de vivir en un mundo injusto con sus convicciones. Tras el fracaso de las ideologías, no queda más que someterse al sueldo y sobrevivir.
Los dos tienen horas y más horas dedicadas a la copia pirata de películas, de canciones y demás. Luego hacen carátulas para los CDs y listas para identificar cada contenido.
Los dos se quedan hasta que se va el último. Los dos están casados y a los dos le dicen que si no tienen casa. Uno tiene 6 hijos y otro 1.
Da igual. Estos sólo concilian la vida familiar de los demás, intentando devastar las de los demás como tienen las suya.
Uno acaba de machacar a una subordinada con una lista de prejuicios que no tienen más justificación que la envidia.
El otro ha perseguido a pobres subcontratados hasta que ha conseguido hacerles pedir el cambio porque saben más que él.
Uno el trabajo en grupo es debilitar a los que más saben. El otro sólo quiere adhesiones personales.
Uno lanza mortíferas campañas de descrédito y el otro las ejecuta sin tanta artimaña pero igualmente eficaces.
Si es que, vengan de donde vengan, pasan por delante las nuevas tecnologías y no se enteran. Lo importante es el pasado amargo.
Ninguno de los dos ejerce de lo que sabe. Alguien les ha nombrado jefecillos de proyecto cuando no sabían hacer más que picar datos.
Son igual de miserables pero uno te torra con las ideas selectas de Marx y el otro de un santo fundador de no sé. Así que nada ni nadie nos engañe. Entre profesionales, vengas de donde vengas, que cada día sea mejor, las metas cada vez más claras y que, si te hacen jefecillo, que te pille formado para ello.
Luego se quejan de las consultoras y su capacidad para hacer su trabajo. Si estos son los que nos critican no me extraña. Puede que se hayan dado cuenta de que vamos y venimos porque ya nadie se fia de ellos.

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