Las negras sombras


Estas últimas semanas han sido muy activas para los verdaderos creyentes en las religiones más poderosas en cuanto al número de supuestos adeptos o asociados. La libertad de expresión no puede herir las creencias de nadie, dicen. Los fundamentalistas islámicos y cristianos nos amenazan con acciones de todo tipo, violentas o no. Lo seres humanos nos debemos considerar seres arrojados al vacío de la vida, sin más pretensiones que sobrevivir y esperando la justicia final. O todos o nadie. La miseria de la mediocridad tiene esos efectos. Cuando las creencias no pueden convencer, pues se imponen. Cuando no puedo imponer, soy víctima de una persecución injusta. Condenan viñetas, libros y películas. Estamos acostumbrados a ver a las sectas como grupos minoritarios y con extrañas vestiduras o costumbres. Las sectas pueden, como en el caso de Al Queda y otras, pasar desapercibidas, usar la manipulación en adolescentes o personalidades débiles, para que ejecuten, bajo la responsabilidad personal, actos contra los enemigos de los intereses de las sectas. Se puede entender todo menos que escapen a la crítica de tener fines y comportamientos sectarios. Esas sectas que se han hecho fuertes en partidos que antes eran sólo conservadores pueden llegar a gobernar o formar parte de gobiernos. Es más, puede financiar grandes producciones cinematográficas o vender la salvación a cambio de colaboraciones para más poder, más riqueza y más corrupción. Vamos camino de forjar una solución en el que sólo cuente lo que uno crea, no lo que vea, piense o sienta. Ahora recuerdo que hace un año me preguntaron sobre la eficacia de crear un partido en España de corte confesional. Sería el orgasmo definitivo de las sectas tradicionalistas, falangistas, de todos los grupos de verdaderos creyentes. La objeción a formar un partido es que los carnés se tendrían que expedir en sacristías o pisos de reuniones. ¿Quién dice que uno es un buen creyente para poder formar parte del partido? Sería una pelea de curas al estilo del Código da Vinci. Pero si que deseo que esas personas den la cara en un partido confesional o algo parecido. Están hundiendo la democracia en tantos países y están haciendo tal fácil la llegada de sectas al poder que va siendo hora que en vez de condenar lo que no les gusta, dieran la cara con todo lo que piensan. Ya veríamos que son las peores sectas que han llegado al mundo y que han hecho de los masones y similares sociedades gastronómicas. Por cierto, no sé si nos queda algún lugar en USA donde emigrar.

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