Una idea

Hace más de un año que comencé a escribir un ensayo y un cuento corto sobre un mismo tema. Ahora estoy bloqueado. No sé si terminar el ensayo o el cuento. Lo que me hace dudar es como hacerme entender, cual es el mejor medio.La idea es muy simple. En el siglo XX se produjeron dos reacciones básicas ante le insoportable visión que el Protestantismo tiene de la naturaleza humana. Una es la que llamamos ahora reaccionaria, que se basa en la nostalgia del Paraíso Perdido y la creencia básica de que la naturaleza humana es corrupta e irrecuperable para el bien. La otra es la respuesta simétrica que llevan a cabo los que se autodenominan fuerzas progresistas. Es la nostalgia del Paraíso pero tocado por la esperanza de recuperarlo en esta vida. Los primeros parten de la imperfección de la persona, de cada individuo. Eso parece evidente. Los segundos creen, por el contrario, y he ahí su éxito, que son unos pocos los que dominan a muchos. Da igual que respuesta se de a esa represión: la degeneración de una raza, la explotación al proletario, el machismo rampante, la homofóbia, la ausencia de nación o territorio, etc. La clave esta en que, una vez liberados de las ataduras, la humanidad vivirá en una paraíso o parte de ella podrá ser feliz de forma absoluta. Lo que diferencia el alcance de esas barbaridades progresistas sólo es lo particular o universal que sea el grupo reprimido.
El conservador, por el contrario, en su incapacidad para generar o crear civilizaciones, culturas o idearios, sólo ofrece un ritmo más lento a las aplicaciones de los progresistas. Es una especie de complejo de inferioridad ante un pensamiento más fuerte o totalitario. Eso es lo que realmente les hace actuar.
Ya sé que esto rompe algún esquema demagógico: Hitler o el sionismo son variaciones del socialismo, no del pensamiento reaccionario. Lenin o Felipe González son dos socialistas en circunstancias distintas. La gradualidad no elimina el juicio general del un ideario progre. La renuncia a algunos instrumentos para hacerse con el poder absoluto, en el caso del socialismo en las democracias occidentales, no ha sido más que la historia de un fracaso, donde el paradigma en su crueldad se vio en nuestra Guerra Civil.
Para muestra del planteamiento simplista y racionalista de la situación, la imagen que acompaña a este comentario no tiene desperdicio.
Ahora el cuento me parece demasiado blando para narrar los horrores de tantos errores. El ensayo tiene menos divulgación, suponiendo que mi cuento al final tenga algún reconocimiento.
Gracias a la Internet, puede que encuentre solución para terminar ambos relatos.
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