La República Digital II

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La Republica Digital (II)
La igualdad de oportunidades.
“Al tratar de explicar la actitud de los intelectuales, despiadados para con las debilidades de las democracias, indulgentes para con los mayores crímenes, a condición de que se los cometa en nombre de doctrinas correctas, me encontré ante todo con las palabras sagradas: izquierda, revolución, proletariado. La crítica de esos mitos me llevó a reflexionar sobre el culto de la Historia” Raymond Aaron “L’opium des intellectuels” (Gallimard, París, 1955)

2.1 Los prejuicios.

Mantengo que no se puede dar la mínima justicia si no hay igualdad de oportunidades. Esta igualdad es condición necesaria para algo tan elemental como el libre desarrollo de la persona. Es un principio liberal que pocos “liberales” tienen en cuenta como punto de partida. Para todo ello, la persona se tiene que ver libre de cualquier condicionamiento y ha de aceptar el reto de ser ella misma, responsable. Oscar A. Matias tiene más y mejores conocimientos que yo de cómo todo ello puede llegar a ser una realidad. Y en honor a él, desgranare hasta que punto el poder esta relacionado con las estructuras del Estado.
Vivimos en una realidad que pasa por el mantenimiento de estructuras de poder y de pensamiento derivadas de la contienda ideológica del siglo XX. De ahí la cita de Aarón. Junto a él, “La miseria del historicismo” fue el tremendo esfuerzo de Karl Popper en ese sentido.

Sin librarles de tener ideas propias, les ofrezco el planteamiento ético que se ha colocado por encima de la moral tradicional de nuestra civilización. Se ha de sustituir la X por cualquier partido, ideología, secta o corriente dentro de una religión. El sectarismo nos invade con tres desconexiones con lo real y sólo nos hemos diferenciado por la secta a la que hemos tenido que soportar:

1. Una desconexión ética: la dispensa de discernir entre el bien y el mal porque eso ya lo dice X, en función de los objetivos del mismo grupo.

2. Una desconexión técnica: No podemos ser útiles y eficientes, porque eso ya lo es X. Ese es el objetivo de X y no de las personas singulares. El merito es del grupo y para el grupo. Las personas han de sacrificar su personal realización en aras del triunfo final del grupo.

3. Una desconexión epistemológica: No hay que distinguir entre lo verdadero y lo falso, porque lo verdadero y lo falso ya lo señala X, de forma tal que es capaz de crear cualquier tipo de conocimiento porque posee la virtud de la creación total desde la nada. Reinventa la Historia, el presente y el futuro.

Es memorable la discusión entre la Pasionaria y Jorge Semprun dentro del PCE sobre estos extremos. Y de una actualidad sorprendente.

Esta “tranquilidad” de conciencia, esta “objeción” de conocimiento y de hacer lo que deseamos, no es poco. Cuando maduramos y tenemos que dejar atrás el Complejo de Edipo, la posibilidad de quedarse en un mundo donde nadie crece es toda una tentación. Hipotecamos el presente, con ánimo de sacrificio necesario, para llegar a un paraíso en un futuro siempre lejano.

2.2 Los pilares de la Republica. La universidad

La MIT propone, dentro de lo que puede y debe hacer, el criterio elemental de aumentar la igualdad de oportunidades. Quien quiera, desde donde quiera, puede recibir las indicaciones y contenidos necesarios para desarrollar un conocimiento experto. No esta pensado para realizar un e-learning o educación a distancia. Se trata de dar a profesores, alumnos, mujeres y hombres libres la posibilidad de acercarse a una materia de forma excelente.

¿Quién esta fracasando? Si les digo que estoy en proceso de editar en Lulu.com un libro sobre pensamiento político y saben que la MIT tiene una carrera dedicado a ello y gratis, espero que no duden. La MIT comparte porque puede, puede decir que quiere dar igualdad de oportunidades a todos, porque realmente sus cursos son de lo mejor de este mundo y leerme a mi es sólo un acto reservado a unos pocos amigos hasta que se den cuenta de que no pierden mi amistad por no leerme.

Quien fracasa es el Estado, la Universidad, de cada país y región donde no se puede acceder al mismo nivel de contenidos. Si el Estado no realiza esa función básica de ser mucho mejor que la iniciativa privada es que no esta haciendo nada por la igualdad de oportunidades aún pudiendo. Cuando no se logra la excelencia académica, es bueno tener buen rollito, crear ciudadanos integrados, tener formación integral y demás marketing. La universidad no es más que contener las cifras del paro.

No voy a confiar en un médico que me dice que ha estudiado los cursos libres de la MIT. Ahora, si que le puedo pedir a cualquier médico que, si lo desea, podría tener el mismo nivel que un recién graduado por la MIT y que si quiere más, podría codearse con cualquiera en un postgrado, sea del país que sea porque superaría cualquier prueba con la ayuda de la MIT y sus foros.

De eso se trata, entonces, de que la sociedad del conocimiento provea de herramientas para que nadie se sienta mediatizado por los fracasos de su país.

Esto pone en tela de juicio la misma existencia de esos Estados. ¿Y por qué no? Diseccionar un cadáver es lo mismo en Lima o en Bostón. Si accedo a los mismos conocimientos en ambos lugares antes, durante y después, podré aprovechar lo poco que me de mi universidad junto a lo que me ofrecen las instituciones que, sin depender del Estado, son, por ello, templo de la excelencia. ¿Cuál es el poder del Estado? Expedir títulos oficiales, reconocidos. Un monopolio que, como contrapartida, no tiene control por parte de los nacionales. Tiene controles de calidad, esto es, ¿Cuántos alumnos se sacrifican (dejan a su familia, país, dinero y tiempo) por ir a estudiar a tus aulas? Pero nos comemos con patatas lo que nos den.

Un Estado que ve como su universidad se ve complementada, gratis, por la oferta de una, una sola, privada, de forma tal que sus alumnos pueden cambiar sus vidas, tiene que preguntarse por su misma existencia.

Si una universidad privada se permite el lujo de compartir su conocimiento, deja en un lugar para meditar a las universidades, sea cual sea su origen, pero más aún las que persiguen un ideario “publico”. Este es el examen al que somete la sociedad del conocimiento a las viejas estructuras.

¿Y por qué fracasa el Estado? En teoría es una maquinaria impersonal, objetiva, sometida a principios de soberanía nacional, que, por definición, es única, irrepetible e inigualable en sus logros. Sobre todo inigualable a la del país vecino.

No ha fracasado estos últimos 7 años. Lleva fracasando desde su nacimiento en la era napoleónica como instrumento para la universalización de la Revolución Francesa. No es poco lo que se le debe en España a García de Enterria y como nos hemos “tragado” la mitología revolucionaria francesa. Sólo con la llegada de revolución americana se ha podido ver hasta que punto Europa ha estado encarcelada en una urna de cristal, la Administración, que como poder al servicio del gobierno de la ideología de turno, nos ha sometido a experimentos de todo tipo. Por eso es tan interesante seguir y discutir con Ignacio Moncada, en estas páginas, hasta donde el poder del Ejecutivo controla el resto de poderes y a la sociedad entera.

Se podrá discutir los contenidos de los cursos pero, con todos mis respetos, no creo que nadie diga ¿Quién se creen los de la MIT para compartir su conocimiento y metodología? Es más. ¿Qué pasaría si otras universidades lo hicieran? ¿Aguantarían las comparaciones? Es más. Los filtros ideológicos o del tipo que sean, pueden hacer que los titulitos se vean acompañados por la calificación personal. Esto es, si el Estado fracasa o la organización privada no llega a justificar su existencia, siempre puede sacar una Educación para la Ciudadanía o una Evaluación Continúa donde poder hundir a los mejores por juicios relativos a su salud mental o moral, su ética, su opinión, someter a los alumnos a la presión no de la excelencia sino de la adecuación a la secta de turno. No vale tener un país con “pluralidad” de sectas y un pensamiento único del que domina el poder político.

La MIT ha abierto un melón por donde más le duele al Estado pero estamos sometidos al lugar donde nacemos. Por eso no basta con que la MIT comparta sus conocimientos, la Republica Digital necesita otro tipo de herramientas de participación política. Pero esto, la semana que viene, que don Joan Valls me ha dado libertad de expresión pero mesura en las líneas, por cuidar de ustedes.

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