La apuesta de FaceBook (sin fotos, al rollo directo)

Mientras los pensadores con tiempo y diletantes sin responsabilidades opinan, podemos recorrer las redes sociales por distintos caminos. Se ha dado eco a la enésima declaración de no sé que derechos de usuario de red social. Al tiempo que se ha puesto en tela de juicio la incorporación constante de opciones en las redes para mantenerlas vivas.
La comunidad más agresiva para incorporar constantes actividades para animar a sus usuarios es Facebook.
Demos un paso atrás.
Por un lado tenemos redes sociales que se definen por la temática y pueden surgir sin más nexo que leer un blog. Ser reconocido en una red temática es todo un paso para quienes participan de ella pero son mayoría los lectores anónimos.
Por otro lado están las redes sociales que se basan en relaciones que dejan a un lado trabajo, familia u otras responsabilidades, sin más temática que tener cuantas más excusas para relacionarse mejor. Los que poseen tal libertad en su grado sumo son los adolescentes y todos aquellos que más mal que bien, han superado la edad para serlo. De ahí pueden salir ideas y modas con gran calado, además de la prueba definitiva de que el hombre no es bueno por naturaleza.
Uno de esos diletantes le empieza a resultar vulgar que tantas personas le “inviten” a cada actividad nueva que los desarrolladores programan.
Compartir tantos datos personales en esas redes, hacer una fotografía de algún aspecto sicológico, social o privado, tiene un riesgo ineludible. Nos conocen más que nunca. Interactuamos más que nunca.
El rastro que dejamos en Twitter, por ejemplo, y sus variantes, es lo más cercano a la agenda de un neurótico. La capacidad para la autoreflexión, el tener que decidir que comparto en 200 palabras, es todo un acto donde se remarca el carácter. Dado que no tenemos una gran cantidad de tiempo para alimentar esa especie de Tamagochi, el tema no da para más.
La posibilidad de comparar los gustos en cine con una mujer de Puertorico y decidir si podemos vivir juntos o lo cercano que estamos del divorcio si lo hacemos, con Facebook, podrá sonar a juego. Desagregar todas esas interacciones y separarlas de todo rastro que pueda identificar a la persona ¿no es el sueño para cualquier campaña de lo que sea?
¿Derechos? El Estado tiene todos y cada uno de nuestros datos más intimos, junto con las llamada Comunidades autónomas o regiones o lo que sean hace 5′. Los estados totalitarios han tenido acceso a estos datos y han utilizado todos los medios a su alcance para someter a generaciones enteras. El fracaso ha sido espectacular.
¿Derechos? ¿Quién tiene la foto exacta de lo que soy para toda mi vida, de la que he vivido y la que me queda por vivir? ¿Quién puede temer que se pueda conocer a las personas hasta ese punto? Pueden prever ciertas pautas de comportamiento. Casado, tres hijos. Vale, no estoy buscando la mejor opción para repetir la EGB.
¿Derechos? Las empresas pueden y deben saber hacer sus deberes. Contemplar la visión que tienen de si mismas y todas son “integradores” para ofrecer algo que a alguien le valga la pena. Integradores de lo que creen que no se ha resuelto o no se ha resuelto bien.
Las redes sociales explicitas, las plataformas que materializan una haz de esas relaciones, con herramientas y sugerencias, con la actividad de sus miembros, no son más que integradores.
Los derechos de cada persona los pone en juego en esas relaciones en la medida que los ejecuta. Confiesa opiniones, ofrece datos y los pone en valor porque es la regla de juego primigenía. No renuncia a los derechos, ejerce el dominio que tiene sobre ellos.
Cuando depositamos los datos en un integrador de relaciones y desarrollamos nuestras emociones, ideas o deseos, queremos encontrar respuestas. Esa es la plataforma de una red social explicita.
Los integradores, en principio, son neutrales. Deben ser neutrales. Por eso estas plataformas son tan criticadas cuando no ponen todo de su parte cuando se viola el dominio sobre los derechos personales, cuando se alojan datos que violan la dignidad de la persona. Cuando uno pierde el dominio sobre sus derechos y la plataforma lo respalda con sus herramientas, pierde el acuerdo originario de la red social: pongo de mi lo que yo decido. No por razón de prudencia o de temor, sino porque tengo el dominio absoluto sobre mi ser.
Cuando se habla de Derechos y de crear una organización independiente (¿de quién?) que fiscalice el uso de los datos personales, no se está pensando en ese dominio sobre los derechos. Se piensa en imponer unas reglas de conducta. Y eso es el totalitarismo, el tener una visión sobre lo que debe ser una red social y aplicarlo, cueste lo que cueste.
No se pueden desarrollar más derechos, están todos listos para usarse. Lo que han de garantizar las plataformas es que el uso de esos derechos sea hasta donde uno desee.
¿Y si es menor? ¿Y si se pasa por una crisis personal y se pública la cuenta corriente de la empresa y los códigos de control? ¿Y si, y si, y si?
¿Hasta dónde han de llegar las normas con tanta casuística posible? Justo al dominio violado de los derechos de otro. En el menor, el derecho del padre a ser educador, en el caso de la cuenta corriente, los derechos de la sociedad o persona que representa la empresa.
La red social, al final, no es tanto el control de ese temor como lo que esta creciendo en positivo, la nueva realidad creada y el juicio que sobre ella darán los usuarios.

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