El ideólogo, el psicópata y la Pantera

Nada de lo que llamamos humano deja de ser una virtualización. Podemos discutir que nos guste más o menos. El trasero de J. López mueve más dinero que miles de partidas de ajedrez. Si fuéramos sólo animales, sólo nos movería unos meses al año y no habría ajedrez. El helicóptero no se cae, aún pensando más que el aíre y no creo que alguien haya visto pasear a la Ley de la Gravedad por un parque. Por eso es Ley. Por eso mi primera foto era una careta blanca y personaje siniestro detrás.

Esa virtualización, que es una forma de llamar al proceso por el que vamos creando una cultura, en buena parte, nos afecta directamente como personas. Oscar A .Matías nos ha dejado perlas al respecto en estás paginas junto a Nas, un usuario que espero que pase a articulista en breve. No es lo mismo nacer en medio del Amazonas que en Oslo. La virtualización y la sofisticación de cada momento cultural son diferentes pero no determinantes. Esto último lo digo con conocimiento del proceso de emigración al que los gallegos nos hemos visto abocados durante siglos. O la inmigración a la que estamos asistiendo tras los fracasos de “liberación” post colonial.  Nos afecta nuestra cultura, no nos determina, y es mucho mejor buscar una que nos permita saber quienes somos y si podemos realizar eso que deseamos. Por eso en el segundo artículo, para perder todo anonimato, puse la foto de mi cara, no sé si más o menos dura, pero sin cirugía.

Esta virtualización, en la medida que aparezca referida a la Internet, nos permite desarrollar procesos de socialización que, de otra forma, sería imposible o al menos serían parte de la necesidad de emigrar. De ahí el temor a la Internet, al poder que tiene para mediar entre la persona y su desarrollo personal. Por eso, anónimo o no, la red no es el lugar para construir el verdadero yo, un yo paralelo y más real, sino la oportunidad de reconocer el propio ser. La necesidad de recrear todo nuestra manera de aparecer en el mundo sólo denota una necesidad que no se ha digerido bien, una esperanza que no ve su realización.

Voy a ponerme, de nuevo, en la frontera de lo cursi y pedante. Mi adolescencia no fue muy normal. Sufrí como pocos un proceso de socialización que vamos a denominar, suavemente, como sesgado. La única forma que tenía de respirar era hablar con muertos. Me refiero a los muertos ilustres, los que han dejado algo escrito. Y con algunos vivos pero que conocí sólo a través de sus libros.

La cita que quiero traer es de R.M. Rilke en una traducción de J.M. Valverde:

 
 

“Se, sabiendo al mismo tiempo la condición del no ser,

el fundamento infinito de tu interior vibración

y, esta vez única, plenamente la ejecutes”.

 
 

Ante nosotros aparece, en un momento de la vida, la realidad cruda y cruel. El conocimiento exacto de lo que no queremos ser, el no ser, las implicaciones de ser marioneta o de estar sometido a otros. Todas y cada unas de las cosas por las que Julieta estaba dispuesta a renunciar por amar a Romeo, el salta vallas del anterior artículo.

Descubrir esa interior vibración, lo que deseamos ser, con la dificultad del cómo, el dónde y el cuándo, es una responsabilidad personal, somos el único fundamento. Y nos ayudan o no a descubrirlo.

Y ejecutarla. Salir del deseo y ponerse en camino aunque para ello dejemos apellidos, familia, raza, pueblo, nación o lo que no nos hace únicos.

Permitirme la última cita, la última, prometido. Es también de Rilke que nos visualiza, virtualiza, la expresión del yo encerrado, en su poema La Pantera, entre barrotes:

 
 

Del deambular de las barras se ha cansado tanto

su mirada, que ya nada retiene.

Es como si hubiera mil barras

y detrás de mil barras ningún mundo hubiese.

 
 

El suave andar de pasos flexibles y fuertes,

que gira en el más pequeño círculo,

es como una danza de fuerza entorno un centro

en el que se yergue una gran voluntad dormida.

 
 

Sólo a veces se abre mudo el velo

de las pupilas. Entonces las penetra una imagen,

recorre la tensa quietud de sus miembros

y en el corazón su existencia acaba.

 
 

Con ello quiero llegar a que la situación actual de la red trasladado muchas de las cárceles virtuales a muchos seres humanos. La poderosa ideología que no cede a la utopía, a ser un constante Juicio Universal sobre la Humanidad, puebla parte de Internet a sus anchas.

Se ha convertido, por arte de unos pocos, en modelo de negocio. Dejando a un lado los matices de las situaciones intermedias, un producto basado sólo en la red, triunfa si pone en entredicho todas las reglas, normas y derechos más elementales. Una mafia que recorre a todos los descontentos con su vida y que han encontrado consuelo en las ideologías, se han puesto de acuerdo. Pueden ver como inmoral, con esas palabras, la presencia de empresas de software o el pago de un canon y, a la vez, adorar a quienes violando cualquier rastro de dignidad, pueblan paginas de productos execrables. En menos de un año, se hacen millonarios.

Esas claves ideológicas se corresponden siempre al mismo esquema. Un grupo o un visionario, encuentra una ley o argumento con pretensiones científicas. Con esa ley es capaz de interpretar el pasado, presente o futuro. En lo que varía cada explicación es el objeto último del estudio. Esto marca el carácter más o menos universal de ese proceso de salvación. Hay quien eligió la raza. Todos los nacional socialismos se basan en esas pretensiones. Otros una clase social. Da igual que sea proletaria o la clase media. Otros han elegido un género. Algunos, actualmente, una interpretación sobre una de las religiones que dicen profesar. Cuando queremos desprestigiar a cada uno de esos planteamientos lo hacemos acabar en “ismo”. La pretensión última es que saben, para terror del resto de mortales, como hacerme feliz a mí del todo, de forma única, y a todos a la vez. Con semejante pretensión se hace salta cualquier norma ética o cualquier derecho porque el fina vale la pena. Ejecutan nuestra interior vibración en un futuro que pasa por aniquilar todo el presente conocido.

Por imponer un modelo en la Sociedad del Conocimiento todo vale. Cada ideología ha trasladado sus mitos a la red. Muchos han adoptado con ello reglas para un modelo de negocio. Crean visionarios, “verdaderos creyentes” que nutren de contenido lugares donde sólo se demuestra el “caos” al que se puede llegar si no es todo para todos, gratis y con la persecución sistemática de cualquier movimiento en contra. Si un producto como FON, YouTube, MySpace, no pasa por esas reglas del robo y la manipulación de todo lo elemental, no triunfa. El 0,4% de los visitantes sube contenidos y los mantienen. Son una minoría muy activa. Como en los procesos similares en la Historia, los primeros seguidores, los peores, son psicópatas y sociópatas que no saben, ni quieren vivir sometidos a las mínimas reglas de la civilización.

Cientos de paginas viven persiguiendo derechos legítimos y criticando los límites de los sistemas jurídicos y de la presencia de las administraciones, persiguiendo un ideario cuando menos criticable. Todo vale. Generar ataques, robar contenidos, violar la intimidad y la imagen, crear virus y demás armas de infección masiva.

No quiero profundizar más en el tema, por ahora. Sólo decir que hay un ejército de personas, en proceso de socialización, encerrados, como la Pantera, en esa demagogia, a la que se han sumado algunos “liberales”, de la que no sé, a no ser que Oscar A. Matías nos vaya ayudando, como podemos ir saliendo. Puede que la red se colapse porque estamos creando seres dependientes donde les va a ser imposible ser libres porque han hipotecado su presenta a un futuro muerto desde antes de su nacimiento. Como el pesimista de Locke, muchos gurús de Internet se empeñan en que seamos tolerantes ante lo inevitable. En un mini ensayo de hace unos años, intentaba demostrar la intolerancia de los tolerantes. En definitiva, el relativismo ético o moral hace que triunfe cualquier cosa que tenga poder. Poder en forma de poder físico, poder en forma de “somos más” o poder de manipulación psicológica. Si todo vale, ¿cómo decidimos lo que hay que hacer?

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