Hacer memoria

Juan Antonio Marina nos obliga a reflexionar sobre que, en última instancia, somos memoria. En su libro Laberinto sentimental es una de las tesis centrales. Pues bien, ya he vivido demasiados acontecimientos históricos, esos que Pedro J. Ramírez convierte en acontecimientos histéricos. Uno de ellos me lo ha recordado Jorge de la Osa. Espero que más pronto que tarde comience a hacernos leer lo que encuentra en un blog.

El momento en que leí Camino de servidumbre. Fue deslumbrante que nadie tachado como progresista pudiese demoler las pretensiones del totalitarismo. Vivía en medio de la que creo ha sido la etapa más oscura de mi vida, rodeado de los defensores del totalitarismo integrista católico. Mi gran temor fue como templar el animo para no derivar en lo contrario, en el totalitarismo del progresismo. Ese miedo, esa visión bipolar de la vida en función de dos ideologías ha sido la condena, la parte más terrible de nuestra reciente historia no sólo en España, para toda la Humanidad.

Parece que se ha descartado el uso de la violencia para imponer las ideas. Parece que la lucha está en hacerse con la Opinión Pública, con los discursos que nos llevan al progreso en dos velocidades, la conservadora y la progre. Velocidades hacía un mismo sentido en la misma dirección. No creo que se deba a un plan, ni a una relación de efectos por razón de una serie de causas. Esta, gracias a Dios y a Popper, demostrado que el Historicismo no es más que un atajo para perezosos e interesados.

El haber hipotecado nuestras vidas, nuestro futuro, a las condiciones que nos presentan las ideologías, el haber demostrado su fracaso, en forma de crueldades sin límites, en la deshumanización más atroz, no ha bastado para hacer desaparecer sus raíces del mal. He comenzado a escribir un libro, voy por el capítulo III, que me explique a mi mismo, a mi corto entender, como he podido evitar caer en la trampa.

En el centro de mi corazón está ese deseo de libertad y de realización personal frente a los estrechos caminos de la moralidad reducida a una ideología. En el centro de mi tesis está demostrar como esas ideologías han reducido la experiencia católica a ser la parte religiosa, espirituosa, de cada ideología.

Es curioso que en estos días la fuerza de aquel pensamiento lo recuerde como el comienzo de una liberación personal que ha sido complicada, no compleja, simplona, nada sencilla. La aspereza que esos días han dejado en mi alma son los resortes para poder escribir.

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