Iñaki Urdangarin, Duke of Palma de Mallorca

Es el caso de moda y no he comentado nada. Voy a hacer una especie de lista de prejuicios y espero ser todo lo politicamente incorrecto que pueda.

Cuándo este tipo de personas aparecen en mi vida, me recuerdan a los docenas de pijoflautas que he tenido que soportar, aguantar o, sobre todo, pagar en sus excesos tanto en tiempo, dinero como en corrupción que empobrece nuestras vidas.

Iñaki Urdangarin, Duke of Palma de Mallorca

Son siempre una mezcla de, por un lado, creerse por encima de los demás, con meritos suficientes, para poder tener una moral adecuada a sus necesidades y sus objetivos en la vida y, por otro, de seres mediocres, sin sentido claro de quienes son y que pintan en la vida.

El modelo que siguen es el del vividor conservador que tiene que tener una cartera abultada para poder financiar sus gustos y vicios de clase media. Los gustos han de estar acorde con lo que una suegra de clase media espera que su yerno haga por su hija. Sus vicios recorren todos esos tugurios discretos donde desahogar su acortonada y tetral vida, de aparentar lo que no se es y encontrar, eso si, cada día, el desprecio de sentirse adulado y menospreciado por tanto silencio.

Son hijos de papa, esto es, que viven del apellido, de lo heredado por su posición social y no por su valia personal.

De un tiempo a esta parte, estos conservadores de cartera rápida y habil bragueta, se han visto institucionalizados con una espiritualidad clasista y rancia. Quien posee una posición social elevada, vive sin tener que estar atado a la misma moral de quienes no han sido elegidos por el mismo Dios para esa posición social. Han vuelto las triples morales, las negras sotanas que pisan moqueta y parket, que elevan a elegidos a seres que, como todo mortal, carecen de toda defensa si, quienes corrompen, son quienes dictan lo que esta bien o mal.

Y esas sotanas, como en la vida de tanto pijoflauta que he conocido, escuelas de neogocios pintorescas. Escuelas que aparecen en las estafas más relevantes, como la de Ruiz Mateos, por ejemplo.

Todos tiene el mismo estilo, la misma trayectoria, la misma vestimenta, el mismo estilo vistiendo a sus hijos, las mismas formas de organizar el ocio familiar, las mismas formas de posar en fotos… Son una clase social en si misma, la de los niños de papa que han vivido siempre de las administraciones públicas y de empresas multinacionales. Y esa es la lista de los estafados. En la Dictadura eso era el pan de cada día. En una Democrácia, por mala que sea la nuestra, parece que puede llegar a ser delito.

Si escribo todo esto no es tanto por lo que tiene de desahogo (¿quién me va a prohibir el indignarme?) sino por lo que tenemos que soportar con esta corrupción que lleva décadas, desde los primeros años de los 50 del siglo pasado, creando una finca en España privada para cuatro listos.

Ha Urdangarin le hemos pillado en el camino para entrar en el Olimpo de la plutocracía española. Parece que el Principe no va a ser de club. No sé si le gusta más el poder que el dinero pero hace bien en limpiar su Casa Real.

Me juego una ronda de cañas a que Urdangarin no pasa ni un día en la cárcel.

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