1984 ya está aquí

Orwell hizo algo más que buena literatura, ató cabos y ha acertado.

Megaupload ha servido como caza de brujas, más allá del quién es quién entre los detenidos. Unos meses, o años, antes, el efecto de la industria del entretenimiento (?) ya tiene su primer error. Madonna persiguiendo a un fan que lo ha dado todo por ella, esto es, su pasta y sus emociones.

¿Qué ha pasado para que este chico de barrio haya pasado de idolatrar a la cantante a no soportar ninguna de sus apariciones públicas?

Y no es sólo un error. Que un fan siga a su ídolo y que este le persiga hasta hacerle pasar por la cárcel, tiene un doble delito.

El primero, que sea sobreseído, que no haya causa. Vete a USA a pedir explicaciones a la empresaria de éxito, explotadora de los más bajos instintos.

El segundo es como ha servido para demostrar que el modelo de estafa de las discográficas tiene que cambiar. El supuesto uso indebido de una bien supuestamente intelectual está directamente relacionado con el éxito del mismo. Se ha perseguido a quien más almacena información sobre un creador, esto es, el que más pasta se ha dejado.

Si Madona vende menos discos ya no es un problema de piratería, es de calidad. Sólo compartido por gente como Jorge Moro Ruiz somos capaces de tener una canción de esa señora.

Mimar a ese núcleo de fans y hacer de ellos una presencia viral, como reconoció el manager de la cantante, es gratis para ella.

Vamos a poner las cosas en su sitio, entonces: Jorge Moro Ruiz tiene que cobrar por dar una publicidad a Madona que ella no ha costeado. Que lo disfruta o le gusta es algo que suponemos también en el trabajo de Madona, por mucho que nos cueste creerlo. Los grupos de fans tendrían que empezar a realizar acciones para cobrar lo que le dedican a cada creador.

Si hablamos de dinero, hablemos de toda la cadena. Jorge Moro Ruiz era un empleado de Madona en régimen de esclavitud.

Me temo que estos listos de la industria de entretenimiento ven las cosas por el lado que no es. Las descargas que se hacen no se harían pagando, no se pueden contabilidad por el lucro cesante, lo que dejan de ganar.

Esto suponiendo que Madonnaes dueña de la canción. A lo mejor sólo se dedica a poner un poco de su mala voz y su pinta de putón verbenero. Esto último dicho como forma de alabar su estética tan creativa y que ha marcado un hito en las Bellas Artes como en su día Picasso.

Pero la última derivaba aún es más terrible. Los que se han enfrentado de verdad a nuestro paisano son los que se ceban revendiendo a los coleccionistas:

Seguramente, su único error ha sido romper las reglas del juego, subiendo en Internet demos de canciones antiguas, versiones instrumentales y otras curiosidades de la cantante, en un entorno de coleccionistas demasiado apegado a “su tesoro”. Detrás de nicks como Dboy o Johnny Pearson —otro de sus músicos fetiche— este zaragozano se granjeó rápidamente el odio de muchos coleccionistas, aterrados ante el modus operandi de un Robin Hood que disfruta compartiendo material “por el que he llegado a pagar auténticas burradas”, confiesa sin un ápice de arrepentimiento.

¿ Y eso no abre otra línea de vergonzosa alineación entre las empresas de entretenimiento y la venta de objetos a un sobrecoste que sólo paga el admirador?

En este mundo estamos solos ante la avaricia de demasiados pocos que se repiten de consejo de administración en consejo de administración.

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